¿Qué docente quiero ser yo?

¿Qué docente quiero ser yo?
Todo comienza en septiembre de 2001, cuando un rubito despistado entró por primera vez al colegio, por ese entonces era un chico tranquilo, aunque un poco loco, recuerdo a la perfección el primer día de colegio, mi madre vistiéndome y yo al mismo tiempo desvistiéndome; me resistí lo más que pude y casi llego tarde entre lloros, quejas y el continuo agarre en las puertas para no salir de casa. Nunca me había gustado levantarme temprano, cosa que sigue sin agradarme, me fui adaptando poco a poco a los horarios, a la clase, a mis compañeros los que serían y son grandes amigos hoy en día. Mientras pasaba de curso todo se iba complicando (como es lógico), y no es porque no tuviera la capacidad, sino que mi atención era limitada y mi distracción máxima una mezcla digamos no muy buena, aun así, seguí pasando y pasando de curso.
Ya en cuarto de primaria aparecería un profesor que me trastocaría los planes, su nombre era Carlos, un hombre mayor, con un buen corazón pero muy mal genio en ocasiones, el cual fue nuestro tutor durante dos años y nos daba matemáticas, donde sufría para llegar al cinco y educación física, mi asignatura favorita que por un tiempo dejó de gustarme de la manera en que lo hacía, (ya que las actividades que realizábamos era monótonas), e incluso si ese mismo día se hubiese formado un poco de jaleo, tocaba copiar 200 veces “no volveremos a hablar en clase”, un acto de desesperación para todos nosotros.
Ya en la ESO conocí a un profesor que me alegro la secundaria, su nombre era Jesús, más conocido por Chechu, ese hombre me volvió a ilusionar con la educación física e hizo dar lo mejor de mis esos 4 años que estuve con él. En bachillerato, no hubo un profesor que me marcase para bien o para mal, simplemente tenían sus cosas buenas o malas, pero tampoco puedo reprochar nada a ninguno.
Ahora me encuentro aquí en la Universidad, ¿quién lo diría?,¿ tanto tiempo ha pasado?, la verdad que sí, he vivido momentos muy buenos años atrás y otros no tanto, pero así es la vida de lo malo se aprende y de lo bueno se disfruta, y así es como sigue la historia, todos los días aprendiendo y con ganas de aprender, de saber, de conocer y de demostrar que por algo estamos aquí, para estar lo más preparados que podamos y para no limitar nuestra imaginación y creer que todo con un esfuerzo y unas ganas unidas a la tan conocida perseverancia harán lo que parezca imposible, posible dentro de un tiempo.

Yo en el futuro, quiero demostrar que aparte de los conocimientos que he adquirido, las ganas y la pasión por y para los niños, que se levanten por las mañanas y piensen “mi profesor hoy me va a alegrar con sus locuras y su personalidad”, quiero ver reflejadas en sus caras sonrisas, porque sí, sí se puede aprender divirtiéndose, y eso es lo que voy a hacer, lo que voy a reflejar, y como quiero ser yo, no solo quiero que aprendan de mí, yo también quiero aprender de ellos cada día, cada niño es único, totalmente distinto a los demás, y hay que hacer que todos con pensamientos distintos coincidan en una cosa, queremos ir a clase de nuestro profesor Javier.

Comentarios

Entradas populares de este blog